La culpa és del dissenyador / La culpa es del diseñador


Todos conocemos a alguien que se hace llamar “diseñador” porque sabe toquetear un poco las capas de Photoshop, comprende un poco el uso de las curvas de Bézier de Illustrator y sabe programar media línea de código. Es la típica persona que se dedica a hacer “diseñitos” en tres segundos, que revienta los precios de mercado y está registrado en todas las webs habidas y por haber con tutoriales, cursillos y video-tutoriales de YouTube. Es aquella persona que te quita el trabajo porque lo hace “más barato y más rápido”, y además seguramente aceptará las mil correcciones del cliente. Pero no nos engañemos, el problema no es de este tipo de “diseñadores”, sino del cliente que tiene metida en la cabeza la frase “lo hará mi primo el diseñador” y en nosotros mismos, los diseñadores.

Los diseñadores somos los primeros que no hacemos pedagogía: habitualmente no nos paramos a hablar con el cliente y a explicarle bien que lo que necesita tiene un precio, no porque seamos divos y queramos cobrar eso, sino porque incluye una importante inversión en horas de trabajo, conocimientos adquiridos, experiencia y miles de situaciones imprevistas a las que nos han enseñado a hacer frente. Si no intentamos ni siquiera este razonamiento, el cliente solo ve que: “este diseñador me cobra 300€ por un logo y mi primo me hace algo que me gusta por 10€”. Y el cliente no es tonto, señores. El cliente, si solo ve la diferencia económica, escogerá el más barato. No para joder al diseñador, sino porque invirtiendo menos tiene algo que le convencerá (pero que no será correcto, ni eficaz, ni tendrá estrategia detrás, ni cubrirá futuras aplicaciones… ya lo sabemos). Pero ÉL no lo sabe. El cliente no verá nunca la diferencia entre la Comic Sans y una Helvetica, porque para él son solo letras, ni tampoco verá que si el logo está hecho con Photoshop luego no podrá hacer una valla porque se le pixelará.

Personalmente he trabajado con muchos tipos de clientes, desde grandes empresas a autónomos, y con diferencia, con quienes he trabajado mejor siempre ha sido con aquellos con los que he invertido un poco de tiempo en “educar”. Se trata de explicar las cosas, no de hacer un logo divino al estilo Bauhaus con un concepto que solo entendemos nosotros y pretendamos que el cliente nos compre: él solo verá cuatro rayas, dos formas geométricas y el nombre de su empresa, ergo deducirá que le cobramos 300€ por hacer esos “dibujitos” que “se hacen en 5 minutos”.

Lo mismo pasa con vender estrategias en redes sociales a empresas que hace poco que tienen página web o que no creen en Facebook o Twitter: no ven el potencial que hay allí porque nadie les ha enseñado nada, nadie cree en intangibles de buenas a primeras y es nuestro trabajo explicarles qué pasa “al otro lado”, incluso con ejemplos reales.

Dejémonos de milongas: si surgen plataformas como Adtriboo (no las defiendo) es porque somos incapaces de explicar en qué consiste nuestro trabajo y la importancia que tiene. Los diseñadores tenemos tendencia a ahogarnos en nuestro mar de Pantones, tipografías y líneas parangonadas y creer que el resto del mundo es idiota porque no tienen nuestra visión de “lo importante que es un buen diseño”. Pues dejémonos de tonterías y ¡actuemos!

Vale… quizás no toda la culpa sea del diseñador. Pero reconozcamos que un poco tenemos!


text de: The Creative Riot

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